Cayeron las banderas rojas con negro, se alzaron las rosadas. El himno sandinista quedó en silencio y se entonó la Canción de la Alegría. Daniel Ortega, actual presidente de Nicaragua, en la última campaña presidencial ya no ofrecía luchar contra los yankees -”enemigos de la humanidad”- sino que postulaba darle una oportunidad a la paz.
Por Carolina Chacra, Natalia Pardo y Francisca Prado
Entre 1981 y 1982, estuvo involucrado en al matanza de los indígenas miskitos, genocidio. En 1967 fue detenido por asaltar un banco y realizar atentados como sandinista contra el gobierno de la época (de Anastasio Somoza). Y en 1998 fue acusado por su hijastra Zoila Narváez Murillo, por acoso sexual y violación. Un ejemplo para su nación.
Nicaragua es un país que ha sufrido constantes revoluciones y guerrillas. Si aludimos al chiste de la presidenta chilena, Michelle Bachelet, todo está en la intervención de Estados Unidos.
El partido político, Frente Sandinista de la Liberación Nacional, nace en 1961, con Augusto Sandino, en reacción contra la intervención de Estados Unidos en las primeras décadas del siglo veinte.
Mientras el 48% de la población vive en extrema pobreza, con menos de un dólar diario (menos de $550 pesos chilenos), Ortega se ha dedicado, principalmente, a hacer negocios con otros países, como por ejemplo Venezuela, donde Hugo Chávez le ofreció plantas de energía, tractores y fábricas.
¿Se trata de un terrorista al mando?
Probablemente solo no logre nada, pero la unión con los alineados (Venezuela, Bolivia, Ecuador) podría repercutir en toda América Latina. Sin embargo, son demasiado ambiciosos y egocéntricos como para no acuchillarse por la espalda entre ellos.
Hoy Nicaragua vive con la desilusión de aquellos que creían que -votando por él- volvería el Sandinismo que tanto esperaban, porque lo que es Daniel Ortega… de sandinista tiene la pura cara… Al fin y al cabo, es un neoliberal más.


