¡Lula! Nunca quedas mal, quedas mal con nadie

Luiz Inácio Lula da Silva, Presidente de Brasil.

Ojo Lula, "más vale pájaro en mano que cien volando".

Luis Inácio Lula da Silva, Presidente de Brasil, es amigo de pobres y ricos, de Bush y de Chávez, de América y Europa. El 64% de aprobación que tiene en su país demuestra que es el único líder socialista en Sudamérica que posee un importante respaldo de sus habitantes. Hoy, tras casi siete años de gobierno, pasa por su mejor momento. Pero, ¿sabrán los brasileros cómo reaccionaría su tan valorado Presidente si, por ejemplo, Estados Unidos entrara en guerra con Venezuela? ¿Le convendrá a Lula seguir jugando a dos bandos?

Por Francisca Jorquera, Jaime Julio y Josefina Vargas.

Parece de película que un limpiabotas, tintorero, hijo de agricultores analfabetos, llegaría al poder y sería el líder más popular de uno de los países más grandes del mundo. Sin embargo esta historia es real y Luiz Inácio Lula da Silva es el protagonista.

Proveniendo de una familia humilde, siendo un sindicalista de izquierda, fundador del Partido de los Trabajadores (PT) y un luchador por los derechos de los más oprimidos, logró el apoyo de los pobres en su cuarto intento por ser Presidente.

El apoyo del pueblo a Lula.

Con un 64% de aprobación, Lula se ha convertido en el presidente brasilero con mayor respaldo popular.

Recientemente se ha revelado que Lula da Silva goza del 64% de aprobación, gracias a que logró que no sólo las clases sociales más bajas lo apoyaran, sino que incluso una mayoría de brasileños ricos y con nivel universitario evaluaran como “bueno” su desempeño como Mandatario de Brasil.

Pese a esto, no todo ha sido “a ritmo de samba” para llegar a conseguirlo. Su intención de no quedar mal con nadie, incluso, se remonta hacia antes de su período presidencial, cuando en el 2001 modificó su programa de gobierno con el objetivo de ganar más votos, sellando una alianza con el candidato del partido liberal, el empresario José Alencar. Así logró el apoyo de gran parte de la derecha liberal moderada y el enojo de la izquierda.

Al principio de su gobierno tuvo problemas con su propia gente. Durante el primer año como Jefe de Estado, en el 2003, Lula empezó a tener problemas con su partido político. Esto debido a que las reformas políticas y haber nombrado como presidente del Banco Central a Henrique Meirelles, una persona que no se identifica con la izquierda, fuera en contra de la ideología que profesara.

Contentó a los empresarios, y decepcionó a sus votantes.

Sus buenas gestiones iniciales llevaron a que el Producto Interno Bruto (PIB) de Brasil aumentara en un 4%. Gracias a esto, Lula tenía a todos los empresarios felices, pero comenzó a generar diferencias con los grupos que lo llevaron al poder, al no cumplir con las reformas sociales que había prometido. Esto fue lo que le pasó con el Movimiento de los Sin Tierra en el 2004, quienes lo criticaron por no cumplir con la reforma social “Hambre Cero”.

Esto se incrementó cuando, en el 2005, una serie de acusaciones de corrupción en contra de su gobierno y su partido, lo llevaron a perder casi diez puntos de popularidad, llegando al 50%. Se le culpó de sobornar a parlamentarios de otros partidos y de financiar campañas electorales con recursos no declarados, entre otra serie de cosas.

Luego vendrían los cambios en la política de gobierno de Lula que tantas repercusiones ha traído. Entre el 2006 y el 2007, su segundo mandato, amplía sus relaciones con los diferentes líderes mundiales, logrando que la economía brasilera mejorara enormemente y que su pueblo se olvidara de las acusaciones que casi terminan con su liderazgo.

Pese a esto, esta apertura política no quedó exenta de polémicas. Nuevamente fueron los miembros de su propio bloque político quienes lo criticaron, llegando incluso a considerarlo como un hombre “vendido al capitalismo global”. Mientras estas políticas hacían que su gente se molestara, sus opositores más ricos comenzaron a valorar su gestión. Sabiendo que la izquierda no lo dejaría de apoyar pese a todo lo que hiciese por la cantidad de reformas sociales que ha implementado, comenzó a darle a la oposición lo que querían y, así, no quedaría mal con nadie.

¿Por cuánto tiempo reconciliados?

Sus relaciones en el ámbito internacional son otro claro ejemplo de su particular costumbre  de estar “en buena” con todo tipo de personas. Su estrecho vínculo con Hugo Chávez y Fidel Castro, los líderes más importantes del comunismo en América Latina, se contrapone con su cercana relación con George Bush, uno de los más grandes enemigos de Venezuela.

Esa simpatía con Estados Unidos es algo que Lula adquirió con el tiempo, ya que, al asumir su primer gobierno en el 2003, el Financial Times publicó una crítica de Lula da Silva, quien decía irónicamente: “Si hay una cosa que admiro de Estados Unidos es que primero piensa en sí mismo, segundo en sí mismo, tercero en sí mismo y si tuviera más tiempo, seguiría pensando en sí mismo”.

¿Amigos por conveniencia?

Los tiempos de estabilidad y crecimiento han llegado para Lula, sin embargo, nadie le asegura que esto se mantendrá. Ante cualquier dificultad internacional, qué haría Brasil: apoyaría a Chávez o a Estados Unidos; si una crisis económica lo obligara a actuar tajantemente, ayudaría a los pobres que lo llevaron al poder, o a los ricos que mantienen estable al país. “Más vale pájaro en mano que cien volando”. Algún día, esta política de no quedar mal con nadie le pasará la cuenta a su país.

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