El ‘Monópoly’ bielorruso de Lukashenko

Como un verdadero juego de mesa, es como el Jefe de Estado ha hecho política en estos últimos 15 años. Y es que pareciera ser un completo aficionado de estos juegos, porque sus propios trucos y habilidades han permitido apoderarse estratégicamente hasta el último rastro de libertad sus ciudadanos.

Por Alejandro San Martín, Victoria Walsh y Camila Manríquez

Y la historia se vuelve a repetir.

Un joven, con gran elocuencia, de poca experiencia, pero con presencia, lucha por el bien y la justicia, lo que se traduce en: terminar con la corrupción, mejorar la economía y una conseguir una nación cada vez más libre. ¿Cómo sigue la historia? Todos quedan satisfechos con las palabras de este fervoroso líder, votan por él y termina siendo el presidente. Pero tal como en las películas, la cosa debiera volverse aún más sabrosa. El joven, enviciado por el poder, se acercaría al lado oscuro de la fuerza y estaría durante años en el poder con el deseo de conseguir su mayor ambición: ser el dueño absoluto de la nación.

Aleksander Lukashenko y Hugo Chávez

Esta pequeña trama sería fácil de vender, como producto de las industrias cinematográficas. De hecho no es extraño notar su similitud con otras películas. Pero esta historia, para los bielorrusos, se ha vuelto realidad desde hace 15 años, cuando llegó al poder Alexander Lukashenko.  El mandatario de la ex república soviética, ha logrado majestuosamente crear una dictadura, en la que a través de referéndums y elecciones fraudulentas ha asegurado su estadía en el poder, siendo la envidia para sus amigos Chávez y Morales, que han deseado lo mismo pero con desfavorables resultados.

Desde el comienzo Lukashenko, conquistó con su frase: “No estoy ni con los de derechas, ni con los de izquierdas; estoy con el pueblo”. Pero parece ser que este gobernante, titulado como profesor de historia y ciencias sociales, simpatiza con los fascinantes pasajes de la historia del despotismo ilustrado, caracterizado por el lema “Para el pueblo, pero el sin el pueblo”, porque Bielorrusia está siendo aprisionada por la mano del mandatario. Por estos días, la gente ya asume que lo que lo que el presidente convenga mejor se hará, como si el mandatario fuera jugador empedernido de “La Gran Capital”.

Y es que esta versión moderna de Luis XIV, quien se ha tomado verdaderamente en serio el papel de “El Estado soy yo”, ha hecho de Minsk, capital bielorrusa, una ciudad limpia, hermosa y ordenada, al menos para los extranjeros, por lo que no resulta extraño comparar su palacio de gobierno con el magistral palacio de Versalles, más aún si todo es financiado con fondos públicos. Pero lo cierto es que un bello país, sólo sirve como máscara para cubrir la realidad de 10 millones de habitantes de sus verdaderas expectativas del país.

Hoy, la libertad de expresión no existe en los planes de gobierno de Lukashenko. Consecuencia de ello, son centenares de actores, músicos, cineastas y hasta periodistas que ven como sus creaciones son censuradas como amenazas a la imagen del presidente. Del mismo modo, ya parece chiste ver que las celdas de las prisiones preventivas estas llenas de estas personas, y no de delincuentes.

El pasado septiembre del presente año, el pueblo de Belarús esperaba ansioso una oportunidad para de una vez por todas derrocar al ‘tirano’ gobierno; sin embargo no pasó mucho para que esa esperanza se liquidara a la velocidad de la luz. Todos los miembros, electos en primera vuelta para la Cámara bajar, eran partidarios del régimen de Lukachenko. Así es, por insólito que parezca, ningún diputado de oposición fue elegido para participar en el parlamento. Curioso fenómeno, ¿o no?

Hace unos años, el pueblo bielorruso parecía estar dormido ante el complicado escenario político de su país. Pudo haber sido por miedo a la represión, por desgano o falta de interés.  Lo cierto es que las cifras indican que sólo un 44% ha participado alguna vez en una manifestación política. Afortunadamente, el panorama futuro se ve alentador gracias a los miles de jóvenes, con más educación y rebeldía que sus ancestros, que quieren romper con las décadas de totalitarismo y autoridad que han llevado al pueblo bielorruso a vivir la peor pesadilla política de una nación: la opresión de su pueblo.

Hoy, los jóvenes bielorrusos llevan la batuta. En sus manos se encuentran las herramientas para, de una vez por todas, desenmascarar la mentira que Lukashenko alimenta. Porque, por increíble que parezca, este dictador logró hace tres años consagrar al país como una de los más desarrollados en comparación a las otras ex repúblicas soviéticas. Por lo que, a la oposición, el panorama se le ha visto difícil. Sólo queda esperar el aguante de su mandato ante la crisis, que por estos días ha sido más cruda con Europa.

Pero, ¿qué rol juega el viejo continente Europeo en todo esto? Lamentablemente, no está muy interesado en los problemas políticos de éste lejano de oriente. Pese al clamor juvenil por tomar medidas para afrontar al “último dictador de Europa”, como llaman al mandatario, los europeos parecieran estar sumisos en sus propios problemas. Esto también ha provocado que el mandatario bielorruso opere con tanto descaro, ya que no hay ningún adulto que lo rete por sus travesuras. De hecho, recientemente la Unión Europea, que dice poner mano dura con este tipo de regímenes, sólo se ha ablandado retirando ciertas sanciones impuestas al presidente.

Está más que claro, Lukachenko, como todo un Hitler, ha sabido brillantemente imponer su poder en todo lo que se le aparezca en su ambiciosa mente. Pero de esta historia, hay algunos que han sido afortunados. Estos son todos los deportistas quienes todavía tiene un poco de libertad, algo que no es de extrañar si se toma en cuenta la pasión del dictador por esta área, afición que le permitió proclamarse como el presidente del Comité Olímpico Nacional, único jefe de estado con tal cargo. Es por esto que sólo se puede desear para los bielorrusos, que algún día la libertad y la verdadera democracia se tornen parte de las devociones de Lukachenko.

Caricatura de cómo Lukashenko trata de controlar la televisión

Pasión por el deporte

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