La Polska cegada por el humo del carbón y el ruido de las monedas

Calentamiento global: ¿Enfermedad o epidemia?

Sequías, vegetación y especies en extinción, destrucción de tierras y derretimiento de hielos son algunas de las consecuencias que está dejando y traerá consigo el ritmo de vida que llevan la mayoría de los seres humanos. No se asuste, pero si las cosas siguen tal cual como están ahora, sus nietos vivirán en un mundo completamente destruido, donde la palabra naturaleza no figurará ni siquiera en el diccionario. Por lo mismo, hay que implementar medidas inmediatas.

Por Natalia Bindis, Natalia López e Isidora Varela.

Afortunadamente, la Unión Europea le tomó el peso al asunto. Así, una de las prioridades en su agenda es terminar paulatinamente con la contaminación que asecha al viejo continente. La idea de este conjunto de países es potenciar las energías renovables en beneficio de todos. Sin embargo, lamentablemente siempre existen discrepancias con este tipo de propuestas que aspiran a ayudar a la mayoría por sobre los intereses de unos pocos, como es el caso de Italia, Lituania, Eslovaquia, Bulgaria, Letonia, Hungría, Rumania y, sobre todo, Polonia.

La Unión Europea se ha puesto la mano en el corazón, ha roto fronteras y está pensado en el futuro de todos los continentes, ideando un plan para que el consumo de las energías renovables incremente en un 20% de aquí al año 2013. No obstante, la propuesta no ha provocado sonrisas ni aplausos en la totalidad de las naciones. Los países que deben reducir en un 20% las emisiones de gases de efecto invernadero, como es el caso de Polonia, entre otros, se niegan a la medida y amenazan con vetar el acuerdo. Aunque usted no lo crea, aún existen lugares que priorizan el dinero antes del bienestar. Las preguntas que quedan por hacer son ¿Qué será de la economía si ni siquiera en el futuro existirán las condiciones apropiadas para la subsistencia de un país? ¿De qué sirven las grandes riquezas si no hay nadie quien las pueda aprovechar?

La Polska, un país reconocido por el altísimo porcentaje de su población católica, está a la cabeza de los disidentes que pretenden frenar el plan que intenta salvar al planeta a manos de los desechos tóxicos generados por las industrias eléctricas. Y es que al parecer, desde que la República polaca se liberó del dominio soviético y reconstruyó su economía a la base del libre mercado, generó tanto crecimiento que le quedó gustando la platita y ahora prioriza su bolsillo sin importar los costos humanos y naturales que traiga consigo. Polonia, el país que profesa el amor al prójimo, está mostrando su peor faceta, embobada con el dinero y dejando de lado cualquier intento por descontaminar el territorio si eso implica pérdidas económicas.

Polonia posee un gran número de parques nacionales, los cuales abarcan desde la costa hasta las montañas.

La nación polaca no sólo se caracteriza por ser el país de origen de uno de los personajes más admirados en todo el mundo como lo es el ex Papa Juan Pablo II, sino que también son mundialmente famosos sus hermosos y extensos parques. Incluso el 30% del territorio corresponde a frondosos bosques, los cuales se han visto fuertemente dañados por el privilegio que el país le ha dado a la industria energética. Hasta ahora, tres cuartas partes de su vegetación están con secuelas por la contaminación que produce la combustión de carbón. Lamentablemente, Polonia no ha sabido cuidar sus riquezas naturales. No sólo la flora es extremadamente valiosa, sino que también existen cerca de 550 especies que se encuentran en peligro gracias a la indiscriminada intervención de la mano humana. Por lo menos la Unión Europea se ha percatado de tal situación, pero ya es hora que Polonia también abra los ojos y establezca prioridades que no vayan indispensablemente relacionadas con la economía. Si bien es importante la situación monetaria de una nación, lo es aún más la salud de la población. Las crisis financieras pasan, pero los daños producidos por el calentamiento global son irreversibles.

El cambio climático ha dejado de lado las sonrisas de los mandatarios.

El cambio climático ha dejado de lado las sonrisas de los mandatarios.

Quedan cerca de dos meses de acaloradas discusiones. Mientras tanto, el primer ministro polaco, Donald Tusk, pide a la Unión Europea y a Nicolas Sarkozy, que es quien la preside en este momento, mayores facilidades para ellos, ya que el 95% de su energía procede de centrales térmicas alimentadas por carbono y, por lo mismo, su economía se verá fuertemente afectada si el conjunto de países decide cobrarle a las distintas naciones por cada tonelada de dióxido de carbono que emita, a pesar de que se establecerían límites. Aunque a los italianos y a los polacos la medida les parezca una ridiculez, la idea de la Unión Europea es financiar con ese dinero la transición a energías no contaminantes.

Diversas agrupaciones se preocupan del medioambiente.

Es de esperar que el grupo comandado por Sarkozy haga oídos sordos ante las peticiones polacas de hacer una “excepción” con ellos y siga con su postura hasta el final ¿Por qué hacer una “excepción” con su economía, siendo que todos los países del mundo están en crisis? ¿Quién hace una “excepción” con los intereses de la naturaleza? Si tanto afecta el sistema monetario, que entre los 27 países que la conforman busquen una solución sana para el problema. Ya es hora que los países líderes en desarrollo se pongan los pantalones y muestren signos de que son un ejemplo para las demás naciones que aspiran a ser como ellos. No hay duda que la economía es fundamental, pero no se consigue nada estando bien sólo en ese aspecto. Igual o más importante es la calidad de vida de las personas y heredarles a las futuras generaciones un planeta digno. Hay que dejar de lado el egoísmo.

Lo más paradójico es que en diciembre de este año se toma la decisión definitiva en la cumbre de Naciones Unidas que se celebrará en Poznan, Polonia. Con la postura polaca de amenazar incluso con el veto, queda de manifiesto que busca los intereses económicos a corto plazo de las industrias contaminantes por sobre los beneficios a largo plazo para el medioambiente planetario.

Una atmósfera calurosa es capaz de provocar grandes deshielos.

Si Polonia no se preocupa del daño medioambiental con el mismo ímpetu que lo hace para superar la crisis económica, en el año 2050 el país será un verdadero desastre. La contaminación polaca crece día a día, y no sólo a nivel de atmósfera, sino también en las aguas. La gravedad incrementa con el paso del tiempo y si no se toman medidas ahora, después no se podrá volver atrás. Deben entender que regular la economía es tan importante como controlar las emisiones de CO2. Hacerlo ahora es más fácil porque en unos años más será incontrolable. Si no se actúa en el futuro próximo, se tendrá que redibujar la geografía mundial, la población se desplazará y se generarán grandes conflictos. En definitiva, si Polonia no escucha a sus vecinos, se autodestruirá.

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