Aunque Arabia se vista de seda, atrasada se queda

Las mujeres son castigadas severamente.

Las mujeres son castigadas severamente.

Una masa de gente rodea la plaza en la ciudad de Raid, capital del reino de Arabia Saudita. Gritos, piedras y latigazos son los protagonistas del momento, mientras una mujer tapada de pies a cabeza es fuertemente golpeada por haber violado una de las tantas reglas impuestas por el islam. Paradójicamente, la escena se repite a diario en una de los lugares más modernos de Medio Oriente, enriquecido en infraestructura y comercio gracias a las ganancias del petróleo que inunda el subsuelo saudí.

 

Por Natalia Bindis, Natalia López e Isidora Varela.

Raid es la capital del reino saudita.

Riad es la capital del reino saudita.

Resulta impactante pensar que una nación avanza en un ámbito mientras reposa en otro. Lujosos edificios, apertura en la economía exterior y modernas carreteras son el frontis del reino saudí, pero ¿Cuál es la realidad de los hogares en este país? El islam se ha apoderado de la libertad de la gente, sobre todo en el caso de las mujeres que, de ser una persona con cuerpo y alma pasaron a la categoría de objeto responsable de consentir a los hombres en todo lo que se les pida, sin derecho a objetar. De lo contrario, son severamente castigadas, incluso quitándoles el derecho a vivir que les corresponde por el sólo hecho de ser de naturaleza humana.

Desde que aconteció la guerra del Golfo Pérsico en la década de los 90, la interpretación radical del Corán llegó a las leyes saudíes (sharia). Así, el fundamentalismo implantado por los talibanes pasó a regir la vida de todos los ciudadanos, perjudicando principalmente al sexo femenino. El gobierno adoptó medidas como prohibirles a las mujeres salir solas del país e incluso de su propio hogar si no es acompañada de un familiar hombre. Tampoco pueden mostrar su cara, manejar un automóvil u optar a una vida laboral, entre otras cosas.

Un panorama un poco menos duro, pero igualmente drástico, ocurre con los hombres, quienes deben vestirse de determinada manera y no tienen derecho a afeitarse ni arreglarse la barba. Si llegan a ir en contra de estas normas, son incluso encarcelados. Sin embargo, tienen plenas facultades de disponer de las mujeres. Tanto así que algunos llegan a tener decenas de esposas. Por supuesto, ellas no pueden reclamar.

Arabia Saudita es el mayor proveedor de petróleo a nivel mundial.

Arabia Saudita es el mayor proveedor de petróleo a nivel mundial.

El petróleo comenzó su auge en el año 1973, cuando el crudo incrementó fuertemente su precio. Desde ahí hasta la actualidad, el crecimiento económico ha permitido una modernización impresionante en la mayoría del territorio, sobre todo en la capital. El gobierno gasta la mayor parte de su presupuesto en el perfeccionamiento de infraestructuras como carreteras, aeropuertos, industrias energéticas y puertos, entre otros.

Al ser una nación tan rica y con un crecimiento económico sin precedentes, llama mucho la atención que su retraso cultural sea tan evidente. Sin querer ofender las reglas de religión islámica, es indudable que en Arabia Saudí los abusos hacia los derechos humanos son práctica de cada día. Más terrible aún es que las leyes de la constitución saudita abalan estas atrocidades. Es inconcebible que a estas alturas y estando en el siglo XXI se permita y se celebre libremente el abuso y la violencia hacia el ser humano. Son prácticas repudiables y retrógradas las que hacen que el reino saudí se vea por fuera como una nación tremendamente rica y desarrollada, pero que por dentro esté podrida… Paradójico ¿no?

El rey Abdullah junto a George Bush.

El rey Abdullah junto a George Bush.

El actual rey de Arabia Saudita, Abdullah bin Abdulaziz al-Saud gobierna el país desde agosto del año 2005. En sus tres años de reinado ha habido avances en materia económica, representados en la apertura comercios de otros países, sobre todo como el primer proveedor de petróleo del mundo entero. Bajo su mandato, en diciembre del mismo año que asumió, Arabia Saudí se adhirió a la Organización Mundial de Comercio.

Abdullah se autodenomina “pro – occidente” y sí, quizás lo es, pero no del todo. La economía no es el único aspecto por el cual un rey o mandatario debe preocuparse, sobre todo si en el país que preside se cometen abusos que escapan de todo fundamento religioso y son derechamente violentos y humillantes. Si bien es cierto que el rey Abdullah ha protagonizado actos generosos hacia la población saudí como donar parte de su fortuna evaluada en 23 mil millones de dólares a los más necesitados o perdonar castigos a mujeres que han ido en contra de la ley sharia, pero los avances en materia cultural no han sido los necesarios para erradicar de una vez por toda la violación a los derechos humanos.

¡Cómo alguien se considera “pro -occidental” si no respeta a las mujeres y tiene 32 esposas! Es bastante contradictoria su postura, aunque también es importante reconocer que ha habido pequeños cambios durante su reinado. Uno de ellos es que en enero de este año, se modificó la ley que prohibía a las mujeres alojar en un hotel sin compañía. Antiguamente siempre debían andar con un hombre de la familia, pero ahora eso ya no es requisito. Actualmente las mujeres pueden hospedarse solas. Sin embargo, no todo es color de rosa. El hotel, al recibir a una hospedada, debe dirigirse a la comisaría más cercana y dar aviso de su presencia. Como se ve, hay cambios, pero no los suficientes. Lamentablemente la palabra “libertad” no está incorporada en el vocabulario saudí.

La Meca es el templo sagrado de la religión islámica.

La Meca es el templo sagrado de la religión islámica.

Definitivamente no podemos hablar de una nación moderna y avanzada a pesar de que su fachada así lo aparente ¿Cómo hablar de desarrollo si ni siquiera se le permite a la población ver videos o escuchar música a no ser que sea islámica? Lo mismo ocurre con los libros. A esto se suma que, si la gente no reza las cinco veces al día que están fijadas por el islam, son severamente castigados.

En vez de gastar tanto dinero en infraestructura, debería invertirse en educación. Es sumamente necesario, ya que, por ejemplo, la industria petrolera no ha aprovechado al 100% por la falta de especialistas y técnicos en la materia. No sólo sería buena una reforma educacional, sino también una cultural. No se trata de imponer la cultura occidental por sobre la de Medio Oriente, sino que la idea es terminar con la violencia y respetar los derechos de las personas. Eso no significa renunciar a todas las tradiciones que llevan consigo hace miles de años, pero sí dar un vuelco y dejar de lado las prácticas que, al fin y al cabo, denigran a ellos mismos. Es necesario, por ejemplo, rescatar de su cultura el amor que tienen hacia Alá, pero hay que tener ojo en no caer en la obsesión porque eso es lo que hasta ahora ha llevado la imagen de persona saudí a la categoría de animal, el que debe ser castigado por cualquier práctica “ilegal” como cortarse la barba, entre otras.

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