Los Bhutto: la “dinastía” que domina Pakistán

Millares de personas protestaron por el asesinato de Benazir Bhutto

Millares de paquistaníes protestaron por el asesinato de Benazir Bhutto.

Nación de musulmanes – el 97 por ciento de sus habitantes practican el islamismo – e independiente desde 1947, cuando Gran Bretaña abandonó el territorio, Pakistán se rinde al poder de una napoleónica familia. 

Sin sangre azul, los Bhutto lograron construir la versión “plebeya y moderna de una monarquía absolutista”. Con discursos que anuncian cambios y con el apoyo de la población, la familia de la difunta dirigente política se apodera de los cargos más importantes del país.

Por María Jesús del Pozo, Andrés Gamonal y Luis Felipe Zúñiga

27 de diciembre de 2007, las cadenas de televisión se vuelcan para encontrar la exclusiva, los nativos salen a las calles para expresar su descontento y los mandatarios desde Islandia a Sudáfrica emiten condolencias y discursos contra los crímenes del terrorismo. Y es que la muerte de la única primera ministra en la historia de la tierra del urdu no dejó indiferente a nadie.

Su padre, Zulfikar Ali Bhutto, fue presidente y primer ministro.

Su padre, Zulfikar Ali Bhutto, fue presidente y primer ministro.

Hija de un derrocado gobernante y oriunda de una de las zonas más machistas del mundo, Benazir Bhutto asumió como premier a fines de los ochenta y a mediados de los noventa con el apoyo del Partido Popular de Pakistán (PPP). En ambas oportunidades, abandonó el cargo antes de concluir su período por acusaciones de corrupción, que incluían un supuesto lavado de dinero en bancos suizos.

Después de un autoexilio de nueve años en Gran Bretaña y Dubai, Bhutto pacta su regreso con la administración del jefe militar y presidente de la nación, Pervez Musharraf, quien le otorga la amnistía en todas las acusaciones que pesaban en su contra. Aunque durante los meses que estuvo a la cabeza del gobierno, el país no superó la pobreza ni el subdesarrollo que lo aqueja desde su independencia, cientos de hombres y mujeres repletaron las calles de las principales ciudades, como Islamabad y Karachi, para demostrar su apoyo a Bhutto.

La oposición lo acusa de sacar provecho a la imagen de su esposa. 

La oposición lo acusa de sacar provecho a la imagen de su esposa.

A poco andar, las promesas de la otrora primera ministra de cambiar la conducción económica y de consolidar un gobierno democrático llenan de ilusión a millones de paquistaníes. Sin embargo, provocan malestar en las cúpulas del poder ejecutivo, que en la víspera de navidad reciben un regalo, un macabro regalo: Benazir Bhutto es asesinada en la ciudad de Rawalpindi.

El fallecimiento de la líder política no significó un respiro para el gobierno, sino que azuzó a la oposición a reforzar su campaña de descrédito contra el régimen imperante. Días después del fatal incidente y antes de que el cuerpo de la difunta se enfriase, aparece en escena su esposo, Asif Ali Zardari, quien consolida su influencia dentro del PPP y se lanza en la búsqueda de la presidencia del país, que consigue en septiembre de 2008, luego de que Musharraf dimitiera antes de ser destituido por la Asamblea Nacional.

Bilawal es uno de los politicos más jóvenes de Pakistán

Con veinte años, Bilawal es uno de los políticos más jóvenes del país.

Al igual que en las milenarias monarquías en las que el poder pasa de los padres a los hijos, parte de los frutos de la herencia política de la ex gobernante de Pakistán los cosecha su primogénito, Bilawal Bhutto, que sin méritos se convirtió en líder del Partido Popular de Pakistán.

Una dinastía también necesita aliados para perpetuarse. Así como los Habsburgo se asociaron con el Vaticano y los Tudor con Francia, los Bhutto coquetean con la primera potencia del mundo, Estados Unidos, que desde el atentado a las Torres Gemelas ve en Pakistán a un “amigo” fundamental para llevar a cabo su plan de antiterrorismo y de control de la frontera afgana.

Tanto es el interés norteamericano por mantener la influencia en la nación medio oriental que el presidente electo del gigante americano, Barack Obama, se comunicó el pasado viernes con Zardari para discutir acerca de la mutua cooperación antiterrorismo.

Tanto China como EE.UU desean consolidar su influencia en la zona.

Tanto China como EE.UU. desean consolidar su influencia en la zona.

Un país con más de 160 millones de habitantes y con un ingreso per cápita de 860 dólares no puede darse el lujo de cerrar sus fronteras y su mercado sólo a la influencia “yankie”. Por eso, el gobierno de Islamabad, influido por el resentimiento común hacia la India, firmó con el régimen del chino Hu Jintao una serie de acuerdos tecnológicos, agrícolas y de infraestructura, con el que ganarán cerca de 7 mil millones de dólares y atraerán capitales de la tierra de Mao.

Con la imagen de Benazir como mártir de la nación, con Zardari como primer mandatario, con Bilawal como cabecilla del principal conglomerado político, con el apoyo logístico de Washington y con los acuerdos comerciales con Pekín, la dinastía Bhutto afianza su poder y se prepara para gobernar la vida de los paquistaníes por mucho tiempo, a no ser de que un grupo insurgente los extermine o que el concierto internacional, tan bien manipulado hasta hoy, les de un espaldarazo.

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